Social commerce, ¿por dónde empezar?

Qué duda cabe que la compra siempre ha sido social. Nos sorprende descubrir, una vez tras otra, aquello que ha formado parte de nuestro comportamiento más habitual. Nuestras necesidades pueden haber cambiado en el tiempo (el consumidor de siglo XIX tenía otras prioridades).  Es más, dependiendo del entorno y posibilidades mis necesidades pueden ser diferentes a las tuyas pero siempre, sean cuales sean estas, hemos empleado a quienes tenemos más cerca para descubrir la mejor manera de satisfacerlas.
Hubo un tiempo en que las marcas eran quienes nos decían qué debíamos poseer o comprar y muchas veces nos conformábamos con su consejo (es curioso cuánto hemos confiado en ellas) aunque escucháramos, preguntáramos o nos fijáramos en nuestros amigos o vecinos para que nuestras decisiones fueran más acertadas. Al fin y al cabo son nuestras necesidades y procuramos que nuestras decisiones impliquen el menor riesgo y coste.
Hasta ahora, nuestro círculo de referencia podía ser mayor o menor pero aun y así era limitado.
Cuando abordamos el Social commerce lo primero que descubrimos es que en la actualidad algo ha cambiado: el acceso a la información y su cantidad crece y fluye sin apenas barreras. Nuestro círculo de referencia puede ser tan amplio como queramos y además… hemos dejado de confiar en las marcas (aunque no en todas).
Podemos consultar en internet, en las redes sociales, y siempre encontraremos un comentario, una opinión que ayudará o matizará nuestra toma de decisiones. Y este simple hecho, por sí solo, está revolucionando la forma en la que tomamos nuestras decisiones de compra. Incorporando, a partir de ahora y de manera preponderante, lo que nos dice la red.
Tomar conciencia de este hecho (aunque algunos consideren que es de sobra conocido) no es suficiente pero sí necesario para empezar a entender cuál será el comportamiento de nuestros potenciales clientes ahora y en el futuro inmediato y derivará en las múltiples estrategias que deberemos llevar a cabo para lidiar con esta nueva realidad.

Os dejo un link a ZMOT Ganando el momento cero de la verdad de Jim Lecinski para Google

En busca de la idea perdida

Oigo continuamente la necesidad de innovar. En los medios de comunicación no hay un día en el que no aparezca un comentario o referencia. Parece ser que la crisis no ha hecho más que hacernos evidente la urgencia de esta necesidad.

Es probable que sea la tan esperada solución a los problemas que estamos sufriendo en nuestro continente. De lo que sí estoy convencido es de que ahora, como nunca antes, disponemos de las herramientas necesarias para acelerar ese proceso y quien sepa utilizar y manejar este entorno abierto y colaborativo que nos ofrece internet y las redes sociales, podrá adaptarse mejor a los cambios que se presentarán en el futuro.

Estas mini vacaciones de Navidad me han permitido leer dos libros cuya temática hace referencia a la creación y desarrollo de nuevas ideas. La “Historia intelectual del siglo XX” de Peter Watson (autor no exento de polémicas) y el libro “Las buenas ideas”, Steven Johnson (del que confieso interés en sus propuestas) .

Considero el libro de Steven Johnson un ensayo muy interesante y recomendable que aborda el proceso de creación de ideas. Para que surjan ideas -es la tesis principal del libro- éstas deben poder entremezclarse con otras, ya que el contacto entre varias posibilita su potencial para convertirse en una buena idea.

El libro de Peter Watson en cambio, más que un ensayo es un lienzo, un repaso histórico al nacimiento de las ideas. Con su lectura he podido validar las tesis de Steven Johnson. ¡Confieso que me gustaría estar en la Viena de principios del siglo pasado. Las tertulias organizadas en torno a un café debieron ser estimulantes!.

De un libro y otro deduzco que las ideas, la innovación o las tendencias no surgen de forma aislada y como por generación espontánea sino que es necesario que haya un caldo de cultivo. Un espacio donde colisionar y recombinarse. Un caldo de cultivo como el que necesito la vida para ponerse en marcha, tal como empezó a deducir Charles Darwin al escribir El origen de las especies.

Tanto uno como otro libro dedican varias páginas a la teoría de la evolución y a Charles Darwin. Steven Johnson utiliza varios ejemplos de la biología para indicarnos las similitudes entre la aparición de ideas y la teoría que nos atestigua la evolución de los más aptos.

Es curioso como una interpretación errónea de la teoría de Darwin (la ley del más fuerte) ha sido motivo de muchas calamidades y quizás nos ha llevado a la situación en la que estamos. Observo la limitación que representa esta interpretación, propia de principios del siglo XX, comparada con la nueva visión que ahora nos ofrece la ciencia. Esta nos muestra el éxito y el esplendor que produjo (y produce) la combinación, la mezcla y la colaboración.

Qué duda cabe que así como en el siglo pasado esas interpretaciones erróneas afectaron el mundo de la empresa, ahora lo que nos muestran los estudios es que la interpretación “correcta” puede ser de gran beneficio para las organizaciones en su necesidad de innovar.

Estas tesis, incorporadas al mundo de la empresa, nos indican que el gran reto de muchas organizaciones será lograr esos entornos de apertura y colaboración tanto interna como externamente. Los empleados, los consumidores, los socios, etc. deben poder interconectarse, mezclarse y compartir conocimiento e ideas. Las empresas que incentiven esos entornos probablemente alcanzarán la innovación (o la adaptación a los cambios) con mayor facilidad.

¿Hay en tu empresa algún proyecto en el cual la organización pretende crear esos espacios?

Os dejo una conferencia TED de Steven Johnson

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