Abierto las 24 h.

"nuevos formatos retail"

Siguiendo la tendencia del supermercado virtual en el metro, unos grandes almacenes del Reino Unido (John Lewis) han puesto en marcha su primera tienda virtual. Los almacenes utilizan un innovador escaparate en el que aparece una selección de productos con los códigos QR al lado de la imagen. Estos códigos pueden ser escaneados por un móvil y hacer la compra las 24 horas.

Si realizas la orden de compra antes de las 19:00 h. tu compra estará lista en la tienda a partir de las 14:00h. del día siguiente.

Se han incluido una selección de los Top 30 productos favoritos de estas Navidades. La tienda virtual estará en funcionamiento durante el mes de diciembre.

Es eslogan es sencillo

Click on johnlewis.com today, collect at Waitrose tomorrow

Vía: PSFK

QRip ¡Puedes tener una vida inmortal gracias a los códigos QR!

La popularidad de los códigos QR es imparable. Así como su uso se ha extendido en el extranjero (en Japón es una fiebre) para comunicar e informar en supermercados, cadenas de establecimientos, vallas publicitarias o anuncios en prensa, en España su uso es aún muy discreto.

Y las posibilidades que nos ofrece son muy extensas, tan solo es necesario un poquito de imaginación y si no que se lo digan a Quiring Monuments que ofrece a sus clientes la posibilidad de incluir en la lápida un pequeño código QR.

Es una forma de rendir homenaje a los seres queridos que han fallecido porque cualquier persona con un teléfono puede aprender más sobre ellos. Los visitantes del cementerio, mediante un Smartphone pueden conocer “vida y milagros” del amado difunto.

Vía: Brandchannel

 

Bien, hasta que otra tecnología sustituya los códigos QR

Réquiem por un banner

Confieso cierta animadversión hacia los banners. Me resulta molesto ir a un periódico, o clicar en un enlace y ver aparecer en primer término un banner o pop up a página entera ofreciéndome las maravillas de un producto o servicio que a mí no me interesa.

Como me resulta irritante encontrar en el cabezal o laterales de muchas páginas aquellos banners que no paran de moverse o mostrar “efectos especiales”. Creo que lo único que logran es deteriorar mi experiencia de navegación y consumo de contenidos.

Al punto de ser un criterio más para que yo descarte el contenido de la página visitada, sea quien sea el editor.

Utilizo el banner (lo siento por él) como ejemplo e ilustración de todo un modelo de hacer publicidad. Aquella publicidad que más que informarnos se dedica a gritarnos. Con mensajes repetitivos, invasivos y hasta cierto punto agobiantes.

Ante la publicidad que conocíamos, que se limitaba a informarnos de cuantas personas potencialmente podían haber visto nuestros anuncios, el banner resulto ser un revulsivo. Nos permitía saber cuántas personas lo habían visto (número de impresiones), cuántas habían hecho clic y habían aterrizado en nuestra página (click through) e incluso cuantas compraban. Todo un descubrimiento.

Pero con el tiempo, las empresas se están dando cuenta de que eso no es todo.

Ante la caída actual del clic through en los banners, se están haciendo esfuerzos considerables para atraer nuestra atención con banners llenos de espectacularidad. Hoy podemos ver banners que se mueven y no logras cazarlos, luminosos (más propios de una feria), con música y aquellos que yo llamo banners con truco. Aquellos que se disfrazan como una ventana de una aplicación corriente y que cuando pretendes cerrarla te encuentras quien sabe dónde.

Los banners solían ser en el pasado (y siguen siendo) una forma muy popular de hacer publicidad en internet. El click through medio de un banner llego al 2%. El CTR de hoy en día viene  a ser una décima parte de eso y continúa a la baja.

Hay quien mantiene, con cierta razón, que cada día somos más inmunes a los banners. A medida que aumenta nuestra experiencia en internet, los banners pierden su efectividad como consecuencia de un fenómeno psicológico (la ceguera a los banners) descrito por Antonio Manchón en un post recomendable.

Y ocurre lo mismo con toda la publicidad tradicional, toda aquella publicidad unidireccional que se limita a machacarnos con sus mensajes, sea esta a través de la televisión, la radio, el correo postal o electrónico.

Para desesperación de los departamentos de marketing, medios de comunicación, agencias y todo aquel que participa en el sector de la publicidad (incluido yo), hemos iniciado un camino que no tiene vuelta atrás. Quizás durante algunos años más, por estas fechas (preámbulo de Navidad), veremos la intrusión de anuncios de perfumes en todos los medios. Pero un buen presupuesto en medios ya no garantiza que el consumidor atienda nuestras propuestas.

Los modelos de comunicación que vienen hablan de informar (email, web) y de atraer (SEO, SEM, Ads), por supuesto. Pero también hablan de conversar (blogs, microblogging), de colaborar (wikis, social media), de buscar la proximidad (comunidades) y de crear influencia (rewarding).

Le ha tocado recibir al banner, en esta ocasión, porque representa a mi manera de ver un fiel reflejo de la publicidad tradicional, aunque llevada a internet. Con los medios sociales y participativos la publicidad está perdiendo a pasos agigantados su credibilidad: los consumidores ya no son pasivos. Empiezan a ser unos expertos en marketing.

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