Qué canal elegir para llegar a tus clientes

"narrativas transmedia"

El grupo Altimeter está realizando un estudio -abierto a las aportaciones de cualquiera que quiera participar- sobre los nuevos consumidores. Las premisas de este estudio, The Dynamic Customer Journey, fueron definidas por Jeremiah Owyang en un post. Si partimos de tres realidades incuestionables; nuevas fuentes de información, nuevas formas de comunicación y nuevas pantallas, la conexión con los consumidores se ha vuelto mucho más complicada. La experiencia de marca se ha fragmentado y los departamentos de marketing, para llegar a los consumidores, deben contemplar las diferentes fuentes, medios y canales.

Para entender la complejidad del modelo; el crecimiento de las fuentes de información, los canales y las tecnologías, se calcula que hay 525 combinaciones posibles para llegar a un individuo… Y quizás los cálculos no van desencaminados: solo hace falta mirar a nuestro alrededor para tener una ligera percepción de esta realidad.

Esta mañana, mientras tomaba un café, he observado a los clientes del bar. Dos de ellos estaban delante de un portátil y otros cuatro manipulaban un smartphone. Esta imagen, cabezas gachas frente a una pantalla, podemos encontrarla en cualquier lugar. Sea en el autobús, el metro e incluso paseando por la calle o un centro comercial. Personas que, mirando o tecleando en sus dispositivos, probablemente ignoran la mayoría de los anuncios que les rodean. Estos anuncios, que las marcas pagan para impactar, no les son relevantes y no es difícil imaginar por qué no prestan atención a tantos anuncios que están gritando “cómprame”.

Esta realidad nos hace suponer que el reto ahora es llegar a nuestros clientes y por tanto estar presentes en todos los canales y descubrir los canales más eficaces para hacerlo.

Pero quizás estamos enfocando erróneamente el problema. El espacio digital y social funciona de una manera muy diferente. No son las marcas y las empresas las que contactan con los consumidores como en el marketing tradicional. Los nuevos consumidores no se definen por lo que son (y por tanto segmentamos y llegamos a ellos a través de un determinado canal) sino que se definen por lo que están haciendo en un momento dado en el tiempo. A estos consumidores se los identifica por lo que hacen -su comportamiento- no por su perfil o por los canales necesarios para dar con ellos.

A través de una serie de revoluciones tecnológicas imparables, combinadas con una época de empoderamiento individual, los consumidores no solo están más informados sino que están aprendiendo de nuestras empresas y marcas (e incluso de nuestros competidores) de una manera muy diferente.

Algunas de las mentes más lúcidas del marketing están comenzando a entender el significado real de esta situación. Con soluciones creativas, están descomponiendo sus clásicos mensajes en narrativas multicanal que fomentan la participación de los clientes y la lealtad a la marca. Estas marcas están contando su historia a través de narrativas transmedia. Usan los medios tradicionales de pago para distribuir o difundir las líneas argumentales que luego se desarrollaran progresivamente a través de contenido adicional online en medios propios (como páginas web, blogs) y redes sociales accesibles desde cualquier dispositivo animando a los consumidores a participar, compartir y contribuir a desarrollar la historia de la marca.

Las decisiones de los consumidores son procesos emocionales y las relaciones que establecen con las marcas que les gustan también son emocionales. Las narrativas transmedia permiten englobar a los viejos y los nuevos medios en un mismo ecosistema. Son narrativas híbridas y transversales donde los contenidos tradicionales se mezclan con las nuevas prácticas colaborativas para que nos encuentren allí donde estén y realicen aquello que más nos interesa:

  • Decir algo agradable de nuestra marca
  • Decir algo desagradable de nuestra marca
  • Formular una pregunta para que nuestra marca de una respuesta
  • Hacer una sugerencia en cuanto a cómo mejorar nuestra marca

¿Estás de acuerdo?

Recomiendo el libro Narrativas Transmedia de  Carlos Alberto Scolari. El libro pretende ser una explicación de las narrativas transmedia, con muchas entrevistas y una reflexión sobre la situación en España.

Las marcas y las comunidades online

"comunidad online"

Casi todas las marcas tienen el mismo deseo aunque no por ello sea censurable. Con la aparición del marketing 2.0 y las redes sociales, oimos con frecuencia términos como seguidores o suscriptores, likes o retweets que en ocasiones nos crean confusión. También vemos como una figura, la del Community Manager,  aparece y adquiere importancia en este escenario. Una figura cuya tarea es crear, mantener e incrementar una comunidad a través de las redes sociales.

Las comunidades siempre han existido. Bien sea por intereses o aficiones comunes, las personas solemos buscar el apoyo y el reconocimiento de nuestros congéneres. Vaya, que llevamos impreso en nuestro ADN colaborar y descubrir nuestra identidad a través de los otros. Las comunidades ya existían antes de internet y no hacen falta ejemplos para ilustrarlo. Las comunidades fueron creadas de forma más o menos espontánea por personas a las cuales les unían los mismos intereses, necesidades u objetivos.

Si la historia así nos lo ilustra, cuan complejo se me hace pensar que una marca aspire a crear una comunidad a su alrededor. ¿Tienen los mismos intereses y necesidades las marcas y los consumidores?. Tengo dudas… sobre todo cuando vemos que muchas de ellas más bien parece que tienen intereses contrapuestos. No nos engañemos, son muy pocas las marcas que han logrado crear a su alrededor una comunidad de seguidores, fans o aficionados. Y casi siempre lo han logrado después de un proceso de bastantes años. Pero el reto bien vale la pena: nuestra marca saldrá reforzada y probablemente garanticemos su continuidad con la aportación de los consumidores.

Confundir un elevado número de seguidores o lograr muchos “likes” o “retweets” con tener una comunidad online es no entender el comportamiento y la forma en la que interactúan las personas que forman parte de una comunidad virtual. Entendamos primero cómo funcionan las comunidades, cual es el comportamiento de sus participantes y como consecuencia quizás nuestras marcas puedan beneficiarse de ello. En resumen, veamos como nuestras marcas pueden ayudar a estas comunidades a constituirse y/o crecer. Porque la comunidad no nos pertenece, pertenece a sus miembros o participantes.

En toda comunidad, sea online o no, veremos que el grado de participación es muy dispar. La mayor parte de los miembros suelen ser espectadores, cuya participación es escasa o nula y que suelen recurrir a ellas en busca de información, ayuda o referencias. Hay después un porcentaje mucho menor que sí participa de forma continua o esporádica. Son miembros que realizan tareas de apoyo. Por último, hay un grupo de personas que suelen actuar como líderes y son los encargados de dinamizar y mantener viva la comunidad. Los líderes no tienen porque ser siempre los mismos pero son imprescindibles para el éxito y continuidad de una comunidad. El compromiso de cada uno de los miembros nos indicará el vigor de dicha comunidad.

Dos factores importantes para cohesionar y dar continuidad a cualquier comunidad sea esta online u offline son el sentimiento de pertenencia y el reconocimiento mutuo. Es necesario que los miembros de una comunidad se sientan parte de ella y puedan identificarse como miembros de la comunidad así como hacer visible su grado de participación mediante el reconocimiento por parte de otros miembros. Este reconocimiento sirve para incentivar la colaboración de los participantes, así como para establecer un status dentro de la comunidad.

Como marcas, solemos asignamos o pretendemos el liderazgo de la comunidad. Si en algunas ocasiones puede ser útil, en la mayoría suele ser un error. Como marca que pretende construir una comunidad, más que adquirir el liderazgo, las marcas deben asumir el papel de facilitadoras. Es decir, la labor de las marcas será incrementar la participación en cada uno de los miembros así como generar dinámicas e implementar estrategias para que surjan de forma espontánea aquellas personas que activarán la comunidad con su liderazgo.

Para emprender el reto de crear una comunidad es necesario tener muy claro cuál es la propuesta de valor de nuestra marca. Me parece muy útil definir desde un inicio el territorio de marca, tal como lo expone Fernando de la Rosa en su blog. Es difícil vincular una comunidad a nuestra marca si no sabemos que ofrecer ni en que pueden ayudarnos. A partir de este conocimiento, deberemos agudizar nuestra escucha para descubrir que comunidades existen o pueden crearse así como conocer los intereses y necesidades  de sus potenciales miembros y como encontrar las personas motivadas dispuestas a apoyar y colaborar. Nuestra labor será, hay que entenderlo así, ofrecerles una plataforma, servicio o asesoramiento que les ayude a relacionarse y crecer.

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